Recostado al arroyo Las Piedras, con extensiones de campos y
eucaliptos, casas humildes la mayoría, desparramadas por doquier,
separado de La Paz mediante tres puentes - uno de la vía férrea, otro
a la continuación de Magalona y el tercero por la ruta cinco - está
inmerso mi barrio; Límite de Montevideo, paso obligado para ir a la
ciudad de La Paz, partido al medio por la vía del ferrocarril - el
progreso olvidó escuchar aquel alegre chucu chucu del tren surcando
todo el barrio sin pedirle permiso a nadie con su andar orgulloso, sin
nunca parar… claro: la estación está en La Paz-.
En otros tiempos había una parada en Abayubá, en la que
desembarcaba el ganado que los troperos llevaban a La Tablada. A
fuerza de coraje y mucho sudor la peonada se hacia sus reales.
En Abayubá también había dos saladeros: uno esta ubicado en lo que
es hoy camino Uruguay y el otro en lo que es hoy Quina Quina. El
ultimo desapareció en 1959 cuando las grandes inundaciones que
dejaron al barrio aislado de La Paz.
También estaba la maltería, que en un tiempo muy lejano fue fuente
de trabajo para cientos de vecinos que se fueron asentando en el
barrio a fuerza de sacrificio. Los pitos de los turnos mostraban las calles
llenas de obreros y obreras apurados a comer algo para volver y seguir
con el trajín diario.
Hoy los pitos suenan en soledad. El paso de las trasnacionales cambió
todo en la maltería: cada vez mejor tecnología, más maquinaria, más
producción, pero menos obreros.
También los domingos tenían ese olor especial, olor a asado y a
fútbol. Porque hace años en Abayubá había varios clubes de fútbol: El
Atletico, el Cantegril…y el más grande: el Club Atlético Abayubá, tan
arraigado al barrio con sus triunfos y alegrías, muchas copas en su
pasaje por la regional del sur.
Grande por su historia que se resiste a terminar: cada tanto el club
resurge de sus cenizas. Aquel pasado tan glorioso no se puede
olvidar, aquellas tardes que el partido se ganaba y en el barrio se
escuchaban hasta el amanecer los cánticos, y las lonjas sonaban sin
parar.
El progreso del barrio… una orgullosa policlínica que antes fuera una
garita policial, transformada por los vecinos, la I.M.M y la comisión de
fomento en defensa de la salud para los más humildes.
Lo alegre...una capilla Salesiana que todos los sábados junta muchos
niños que entre juegos y meriendas llenan las tardes con su alegría
sana y dicharachera.
A MI BARRIO ABAYUBA 1998






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